Accidentado y muy peligroso resultó el segundo encierro de las fiestas de Lumbrales, un festejo en el que se corrían cinco novillos de la ganadería de Lorenzo Rodríguez ‘Espioja’, de desigual presentación, y en el que se vivieron momentos de auténtica tensión en la plaza y en uno de los puntos del recorrido, especialmente.
El primero de los lugares donde la emoción sobrepasaba los límites habituales llegaba en la plaza de La Frontera y su confluencia con la calle La Fandanga, aunque finalmente todo quedó en un buen susto para las personas que se aglutinaban en el muro del mesón La Rejas y las ventanas del Altamira.
El encierro hasta entonces había discurrido con normalidad desde el lugar de suelta, con la manada bien agrupada desde que se escuchara el cohete anunciador del inicio del encierro. Pero al iniciar la subida de La Fandanga uno de los novillos no aguantaba el ritmo de carrera del resto de sus hermanos y acababa descolgándose del resto de la manada, en la plaza de La Frontera, ante el desconcierto de los caballistas que veían como el novillo colorao se había parado y regresaba sobre sus pasos.
El intento de uno de los jinetes de obligar al astado a reemprender la dirección a la plaza casi acaba con el caballo empitonado, lo que obligó al resto de jinetes a retroceder La Fandanga abajo hasta que un grupo de corredores consiguieron la atención del novillo, que en ese momento se cegaba con los cites desde las vallas y los movimientos del público que de forma desesperada intentaba hacerse un sitio en el muro de Las Rejas.
Finalmente, el buen hacer de los corredores evitó lo que podía haber sido un encierro más que peligroso y conducían al astado, semiparado, camino de una abarrotada plaza.
Una vez en el coso, el encierro volvía a mostrar otro momento de auténtica tensión, aunque en esta ocasión no tenía como protagonistas a los toros, como cabía esperar, sino a uno de los mansos que habían protagonizado la carrera. Ante la resistencia de la manada para entrar en toriles, un mozo fue empitonado por un cabestro en una de sus piernas, aunque la cogida no revistió gravedad. El herido fue atendido por los servicios médicos de la plaza, que procedió a practicar varios puntos de sutura en la herida sin que fuera necesario su traslado al hospital. Tras ser intervenido fue dado de alta.
Pero el último de los sucesos acaecidos en este encierro aún faltaba por llegar, si bien en esta ocasión nada tenía que ver con el ganado. Una persona del público que había presenciado el festejo en el recorrido hubo de ser atendida por los servicios de emergencia al sufrir lo que en principio apuntaba a una parada cardiaca, aunque otras fuentes señalaban un ataque epiléptico. El traslado del enfermo hasta un hospital motivó un retraso considerable en el desencierro, hasta que finalmente se repusieron los servicios médicos.
Multitudinario primer encierro de las fiestas de agosto el vivido esta mañana en Lumbrales. La coincidencia en sábado de este primer festejo taurino no ha dado tiempo ni para el precalentamiento, pues algunos de los corredores ya famosos en este recorrido se anticiparon al rito de estiramientos en la tradicional cabalga al ‘Prao del Toro’ del día antes.
Varios miles de personas, media hora antes de que comenzara el festejo, llenaban los tendidos del coso lumbralense, y las vallas que cerraban el recorrido apenas si dejaban un resquicio para el aire entre sus barrotes. Como el resto de peñas, las chicas del Revolcón eran fieles a su cita y en las ventanas de la acera del Altamira ya no cabía un aficionado más, lo mismo que sucedía en el callejón de la plaza instantes después de la llegada de los astados. Hasta la bandera, como dirían los taurinos. En cuanto al desarrollo del encierro, discurrió sin incidencias, con la manada bien agrupada formada por seis mansos y cuatro erales de la ganadería de Caridad Cobaleda, bien presentados aunque de escaso trapío respecto a su tamaño, principalmente, aunque hay que considerar que su lidia correspondería en la tarde a dos de los novilleros de la Escuela de Tauromaquia de Salamanca.
A muchos nos les daría tiempo a observar la manada ni de refilón, pues a excepción del inicio del recorrido, donde varios de los novillos despuntaron del resto de la manada para más tarde volver a reagruparse, a partir de ese momento permanecerían arropados por los cabestros hasta pisar el albero lumbralense. La entrada en toriles se producía a escasos minutos de pisar el ruedo.
El encierro discurrió dentro de una normalidad absoluta en todas las facetas. Sobre las 12,30 horas se escuchaba el bombazo anunciador de que la manada emprendía el recorrido de camino a la plaza, y en escasos minutos el murmullo de dejaba intuir en la confluencia de La Fandanga con la carretera de Salamanca.
En la plaza de La Frontera esperaban a los astados decenas de corredores para emprender la carrea en el último tramo del recorrido hasta la plaza. A pesar de la conglomeración de corredores no se produjeron caídas, por lo que no hubo de lamentar ningún herido.
Bien conducida por los caballistas, la manada entró agrupada en el coso y tras dar una vuelta sobre el ruedo, los pastores hicieron bien su trabajo para conducir a chiqueros a los astados.